¿Por dónde empezar? Todos tuvimos un compañero en nuestra infancia, ese que nos divertía en las tardes, que nos lamía las manos cuando nos sentíamos mal o simplemente nos perseguía por todo el jardín cuando queríamos jugar un rato. Los que nos ofrecían amor incondicional, que aunque lo despreciáramos todos los días, cuando queríamos su cariño él nos lo brindaba.
Ése que queríamos que siempre estuviera a nuestro lado, pero que al fin y al cabo, algún día se tenía que marchar.
Y eso es lo que más nos duele, ¿no? Que un amigo así se nos vaya. Duele recordar todos los momentos con él, todas esas tardes de diversión que nos brindaban, esas cualidades especiales, esos actos que te hacían reconsiderar su inteligencia. Quizás soñar con él alguna vez, o simplemente tener una foto junto a él que cada vez que la miras se te revuelve el estómago. Saber que siempre lo vas a amar, que siempre vas a querer que vuelva.
Lila - Q.D.E.P - 25/01/10.

No hay comentarios:
Publicar un comentario