¿Alguna vez te pusiste a pensar, o te hicieron razonar, cuan controlados estamos?
La rutina a la que estamos acostumbrados desde chicos, desde hace unas generaciones. Ir a la escuela, de lunes a viernes, acordado a tal horario, cuaderno o carpeta y lápiz o lapicera, sentados en un banco, mirando para adelante, escuchando y copiando lo que la maestra dice que copiemos. Callarnos cuando nos lo dicen, ¿por qué? Porque "ellos mandan", "ellos ponen las reglas". Legalmente les dan ese poder, ¿cómo contradecirlo? Si el estado les entrega el poder, ellos lo van a ejercer, es más que obvio. Pero, ¿es bueno que exista esa relación tan estricta, tan correcta, tan formal? Es muy probable que los alumnos de una escuela primaria obedezcan más las órdenes del maestro que un alumno de una escuela secundaria, que sabe mejor como son las cosas, que sabe que nadie puede obligarte a hacer nada, que sabe que -dentro de todo-, el poder legal en realidad, tiene un valor completamente subjetivo.
¿Qué nos enseñan? La teoría de una realidad que pareciera basarse en una película, una realidad que cuando la buscamos, no existe. Nos enseñan que gobierno es orden, que revolución es caos. Nos enseñan quién es la autoridad y quién es el que debe obedecer, pero nadie nos responde a la pregunta: ¿POR QUÉ? Parece que es ponerlos en aprietos. Porque ellos saben bien que no todo lo que enseñan está bien, y saben que no saben todo lo que enseñan.
