22 de junio de 2012

tears;

No creo que en tan poco tiempo tenga tanto por lo que llorar, pero son varias cosas que me tocan, me lastiman el corazón cada vez que las recuerdo.
Esos momentos en los que lloro por lo que me pasa, generalmente después de varias experiencias acumuladas, siento que me saco un peso de encima, que toda la tristeza se drena con mis lágrimas, y que con cada suspiro se va un recuerdo.
No hay mejor remedio, pero no hay nada más doloroso que hacerlo.
Sé, a estas alturas, que me quedan muchas cosas por las que sufrir, por las que llorar, pero vale la pena irse deshaciendo de esas anclas que nos van reduciendo la movilidad, ¿no?
No perdí tantas personas en mi vida, no tuve tantas heridas que sanar, pero también hay veces que sufro, por esas pocas personas que se fueron, las que más me duelen, y por esos pasos que tengo que dar para avanzar. Y también sufro por otras personas, por aquellas que sufrieron una pérdida tan grande como es perder a una persona. Hay que comprender el dolor ajeno tanto como el propio, y que a veces, aunque la gente esboce una sonrisa, puede ser borrada con el más mínimo recuerdo.

Facundo- 1999.
Juana- 2012.

16 de junio de 2012

words;

A veces me pongo a pensar y recuerdo algunas conversaciones, algunas palabras dichas de más.
Como las personas están acostumbradas a decir mucho o a decir muy poco.
Cuando decimos poco es porque tenemos miedo, y cuando decimos mucho es porque no nos importa nada.
Un defecto, se podría decir. ¿Por qué no decir lo justo y suficiente?
¿Algo nos lo impide o qué?

15 de junio de 2012

I want you;

He tratado de seguirle la corriente, pero ella se rehúsa a tomarme en cuenta. Me siento cada vez menos querido, más rechazado que nunca, nunca me había pasado algo así en la vida y me está desesperando poco a poco. ¿Qué es lo que necesito para que me tome en serio? Quiero ser oído por ella, quiero que mi opinión valga, quiero que me pida consejos cuando tenga problemas, pero que a la vez me bese cuando yo lo necesite. Quiero abrazarla y que me abrace, quiero acariciarle y que me devuelva el gesto. No quiero que me ignore cada vez que le digo que la quiero, no quiero que haga oídos sordos cada vez que le quiero contar algo. Necesito que me sienta más que un amigo, quiero que me desee como yo la deseo a ella, que se ría de mis chistes, que sonría cada vez que le envío un mensaje, que se alegre cada vez que me ve.
No deseo su cuerpo, deseo su corazón, deseo que sus sentimientos florezcan por y gracias a mí.

12 de junio de 2012

shine;

¿Cuántas veces has soñado con ser feliz?
No encontrar la felicidad es el peor sentimiento, pero generalmente llega sola.
No fuerces al destino, hazte amigo de él.
Espera, ten paciencia, si al fin y al cabo, tratando de agilizar las cosas sólo terminan peor.

in my mind;

A pesar de todo lo malo, no creo que haya en el mundo alguien tan especial como tú.
Se me hace casi imposible admitir que eres todo lo que quiero, todo lo que necesito y quizás mucho más que eso.
No me agrada el sentimiento de no tenerte a mi lado, de no saber nada de ti.
Pero lo que más me desespera es pensar en la posibilidad de perderte.
Y no entiendo como eso logra mantenerme despierta por las noches.

vive la vida;

A veces es relajante olvidarse de todas las penas, todos los males de amores, todos los problemas.
No sé cuándo debería ser el momento, pero creo que cada uno se da cuenta.
Creo que no siempre tendría que importarnos todo tanto, la vida es una sola, y después de ella, nadie garantiza que haya mucho por hacer.
Últimamente estoy eligiendo vivir la vida, cada día como si fuera el último, decir lo que tenga que decir, reírme cuando tenga que reírme, llorar cuando me den ganas, y brindar amor al que quiera.

4 de junio de 2012

old friends;

¿Por dónde empezar? Todos tuvimos un compañero en nuestra infancia, ese que nos divertía en las tardes, que nos lamía las manos cuando nos sentíamos mal o simplemente nos perseguía por todo el jardín cuando queríamos jugar un rato. Los que nos ofrecían amor incondicional, que aunque lo despreciáramos todos los días, cuando queríamos su cariño él nos lo brindaba.
Ése que queríamos que siempre estuviera a nuestro lado, pero que al fin y al cabo, algún día se tenía que marchar.
Y eso es lo que más nos duele, ¿no? Que un amigo así se nos vaya. Duele recordar todos los momentos con él, todas esas tardes de diversión que nos brindaban, esas cualidades especiales, esos actos que te hacían reconsiderar su inteligencia. Quizás soñar con él alguna vez, o simplemente tener una foto junto a él que cada vez que la miras se te revuelve el estómago. Saber que siempre lo vas a amar, que siempre vas a querer que vuelva.

Lila - Q.D.E.P - 25/01/10.

2 de junio de 2012

how sad;

Qué triste es que te hayas perdido toda la vida que tenías por delante.
Qué triste que no hayas experimentado todas las cosas que te quedaban por experimentar.
Qué triste que no supieras tantas cosas, que no pudieras saber las verdades ocultas del universo, que no pudieras cumplir tus sueños, que te hayan arrancado así la posibilidad de compartir con tu familia y con tus amigos los momentos más felices de tu vida.
Qué triste saber que no vas a poder encontrar el camino correcto, que no te vas a poder equivocar, que no vas a poder sufrir ni vas a poder llorar.
Qué triste que no puedas volver a reír, que no puedas ser feliz al lado de alguien, que no puedas amar, que no puedas odiar.
Qué triste que no estés más aquí conmigo, pero más allá de eso...
Que tengas una buena vida allá arriba.

antes que verte;

Prefiero morir a volverte a ver.
Por todas las mentiras, por todas tus falsas intenciones.
Por todas las veces que te dije que te amaba y tu me contestabas lo mismo.
Porque siempre que te miraba a los ojos veía una falsa verdad en ellos. Pero nunca me di cuenta.
Porque cuando reíamos juntos era el mundo para mí, y pensaba que para ti también.
Porque verte así, cuando estamos separados, me asesina lentamente.
Pero aún así sé que es lo mejor para mí.

1 de junio de 2012

Castillos de cemento;


   Me encontraba tan plácidamente cómoda en mi nuevo hogar, que no hubo un instante en el que se me cruzara por la mente pensar en la desdicha que me había trasladado allí. Las ventanas que daban al aparcamiento eran amplias, tanto que podías encontrarte viendo el inicio de la calle con sólo acercarte a una de ellas. Las puertas, talladas en madera de roble, tenían los picaportes del más fino oro que mis ojos hubiesen visto jamás. Los azulejos del piso ¡Sálvame, Jesús! eran tan espléndidos que me fue imposible, las primeras veces, no quedarme mirándolos por un período de tiempo indeterminado. Las paredes, de un desvaído blanco, formaban laberintos, tal así que nunca había terminado de recorrer la casa en su totalidad. El patio trasero era un lugar de ensueños. Las nubes que lo sostenían eran blancas como el algodón; rosas, naranjas o de un suave violeta en el atardecer, y cuando caía la noche sobre el santo cielo, se tornaban de un matiz azulado, muy oscuro.
   Tomé mi libro favorito de Lisa Kleypas, el único que había logrado traer conmigo, el que había estado sobre mi pecho a la hora de partir: “¿Ángel o Demonio?”. Me faltaba un poco para terminarlo, por lo que me decidí a leer algo antes de ir a hablar con el Señor.
      “Victoria fue a revolver el guisado, canturreando desafinada, y echó una pizca de sal en la cacerola. Reanudó la tarea de recoger sus cosas; estaba doblando un viejo chal de punto cuando oyó llamar a la puerta. Toda la cabaña se estremeció con la fuerza de los golpes.
   Perpleja y un tanto inquieta, fue a abrir la puerta. Dio un paso atrás al ver a Grant. Estaba tan apuesto que le cortaba el aliento, ves­tido con una atractiva chaqueta negra, corbatín también negro, cha­leco gris plateado y pantalones gris oscuro. Si bien eran sencillas, sus ropas tenían un corte perfecto que se ajustaba a sus hombros anchos y su torso esbelto. Volvió a sacudirla la vibrante fuerza de su personalidad... Él parecía grande, peligroso, y hasta un poco colérico. Sin em­bargo, contemplando sus encendidos ojos verdes, Victoria no sintió te­mor sino sólo un deseo instintivo de besar su boca dura y de obligarla a ablandarse contra la de ella. Leí con atención las palabras escritas por mi escritora preferida; en realidad, el romance de Grant y Victoria era totalmente gratificante de imaginar, más allá de sus desencuentros amorosos, siempre había una pizca de romance cuando se hablaban o simplemente se dirigían una mirada.
    Pensé en mi esposo, Paul, y mis dos hijos, John y Nelly. Los había abandonado de la peor manera existente, había destruido sus castillos de cemento macizo a martillazos, pero aún así la culpa no abarcaba siquiera un centímetro de mi cuerpo, ahora transparente por las circunstancias. Ellos habían estado ahí cuando los necesité, cuando tuve que decir algo, ellos escucharon con atención.
   El reloj cantó con su suave sonido de campanas. Era hora de hablar con Él.
   Me dirigí con displicencia hasta sus pies, con la cabeza gacha, luego de salir de mi hogar y caminar por las suaves y pálidas nubes hasta su lecho.
   “Buenos días”, me saludó, con una sonrisa en su cara.
   “Hola, Señor”, me limité a contestar, con esa pesadez que ahora habitaba en mi corazón.
   “¿A qué hecho debo agradecer el honor de tenerte conmigo hoy?”, preguntó, aún sonriente.
   “Me gustaría volver. Pero sé que no puedo, ahora me siento culpable”, contesté, pero en voz baja. Sabía que así también podía oírme.
   “¿A qué se debe ese repentino deseo?”, ahora me escrutaba con la mirada, preocupado de que no estuviera satisfecha con mi nueva vida.
   “Estoy muy sola, y preocupada por mi familia”, bufé, “sé que están bien, pero deben estar tristes por mi súbita partida”.
   “Oh, bueno…”, susurró, “estoy consciente de ello”, respondió.
   “ ¿Me dejarás hacerlo”, pregunté esperanzada.
   “Sólo si prometes no pedirlo nunca más, una vez que vuelvas”, pidió.
   “Lo prometo…”, dije con seguridad, “gracias, Dios, nunca lo olvidaré”. Agradecí, y me encontré de vuelta en mi casa, rodeada de mi familia, y me pregunté cuanto tiempo habría pasado en la Tierra mientras estuve en el Cielo. Me convencí a duras penas de que lo extrañaría.

By; Lucila Galetovich - Año 2010.

see you again;

Hoy, y a veces, me gustaría volver a encontrarte...
Tan sólo pensar en que ya no te tengo, o que ya no estás conmigo, o que ya no piensas en mí, me hace estremecer. Aunque no quiero decir que yo lo haga. No estás siempre en mi mente, solamente te recuerdo a veces, cuando se me presenta uno de nuestros momentos en mi mente.
Por un largo tiempo te extrañé, y no estabas. Muchas veces te necesité y no te encontraba. Entonces recordaba que yo te había dicho que no te quería volver a ver.
¿Fue un error? No, y nunca se me cruzó por la cabeza que lo fuera.
Tomé esa decisión porque fue lo que quería en ese momento, lo que era mejor para mí. Perdóname si no pensé en ti, pero ya había pasado mucho tiempo haciéndolo. Me hacía mal tomarte en cuenta.
Pero ya todo pasó. ¿Y ahora? No me queda más que recordar las cosas buenas, olvidar lo que nos separó, y sobre todo seguir adelante con mi vida.